Francisca Jara Tarot Espiritual

El hábito emocional que te pega en el pasado

Cambios, cambios, cambios escuchamos desde hace varios meses, cierto? Y es que todo esto está ocurriendo para todos nosotros. El caso es éste: hemos cambiado, lo pensamos, lo creemos, lo podemos ver en nuestra manera de razonar, de percibir, de analizar las cosas, en nuestra manera de pensar, todo va maravilloso, estamos creciendo. Estamos segura/os que superamos todos los conflictos del pasado, que hemos madurado y que ya no caemos en las mismas situaciones. Hasta que nos encontramos en la misma experiencia y todo eso que hemos venido pensando hace meses, se va al suelo porque aunque yo estoy segura que he cambiado, mis emociones me dicen otra cosa, y me hacen reaccionar en esa situación como lo hacía antes.

Qué pasó entonces? Cambié o no cambié? Retrocedí tan fácil, al primer estímulo? Lo más difícil dicen es pasar las pruebas. Porque podemos estar súper seguros de lo que hemos aprendido, hasta que tenemos que ponerlo en práctica. Y aquí es donde quiero que nos detengamos a observar lo siguiente. Nuestra mente y nuestras emociones son cosas distintas. Por lo general, en procesos personales de crecimiento consciente, analizamos y reflexionamos mucho acerca de los cambios que queremos experimentar en nosotros, buscando mayor bienestar. Sin embargo, el hecho de tener algo muy claro, no quiere decir entonces que nuestras emociones se van a alinear. Porque sabiendo que lo más importante es amarnos primero, entonces no deberíamos caer en situaciones de auto boicot, de duda, miedo, etc. Aquí te explico qué es lo que pasa, al menos desde mi perspectiva.

Cuando hemos pasado una buena parte de nuestra vida o un largo período de tiempo lidiando con una situación o relación difícil, se genera un aprendizaje o memoria emocional. Esto es igual que un hábito. Yo me acostumbro a que cada vez que tengo que hablar en público, me sudan las manos y me pongo nerviosa. Si no lo hago consciente, aunque me toque hablar de la materia que mejor manejo y de la cual soy especialista, me seguirá pasando lo mismo, aunque ya no tenga motivos para sentir ese nerviosismo. Como la primera vez que hablé en público no estaba preparada para la exposición y me puse nerviosa, esa reacción emocional se ligó a la percepción de esa experiencia y se asentó cómo reacción habitual ante el mismo estímulo.

Ahora este ejemplo es fácil de comprender y de darnos cuenta de él. Sin embargo, quiero llevarlo al tema de las relaciones porque ahí sucede lo mismo y no lo vemos tan claro. Si en alguna relación ya sea familiar, de amistad o de pareja, tuve alguna vez de mi vida una dinámica compleja y conflictiva a nivel emocional, ese “ambiente emocional” queda grabado en mí y cada vez que se repitan los factores, se gatillará esa misma respuesta emocional. Cuál es el problema con esto? Que si yo no soy consciente de esto, me costará mucho aplicar mis transformaciones personales a esa relación y así poder mejorarla. Por mucho que yo trabaje mi tolerancia, mi madurez, a nivel intelectual, eso no quiere decir necesariamente que me sentiré distinta en esa relación conflictiva, si no lo hago consciente y me alejo de ese lugar emocional.

Para identificarlo piensa  en qué relación te ocurre por ejemplo, que cada vez que se presenta determinada situación las reacciones emocionales de ambos son iguales, aunque la raíz del conflicto sea una dinámica generada hace muchos años. Otro caso común es con los padres. Aunque hayas salido de tu casa hace décadas, si no cortaste ese cordón emocional entonces cada vez que tengas un tema con alguno de ellos o con ambos, el lugar emocional donde te pondrás será el mismo donde estabas antes de salir de ese hogar, cuando tenías 18 años.

La manera que te propongo para que trabajes este estancamiento y logres no sólo transformar la manera en cómo te ves a ti misma/o sino también la manera en que sientes e integras tus emociones, es la siguiente: cada vez que te enfrentes a una situación que te lleve a un “lugar” emocional donde viviste mucho tiempo, pero que ya no es coherente con lo que está siendo tu proceso de consciencia, entonces haz el ejercicio de mirar la situación particular como un tercero observador. Aléjate emocionalmente de la situación, no reacciones en el momento, sino que pon todo tu esfuerzo en hacer una pausa (respira, respira). Una vez que la hayas hecho, antes de responder cualquier cosa, mírate con compasión, a ti y a la otra persona involucrada. Siente compasión por lo que ha sido tu proceso y el de la otra persona; siente compasión por ambos en esa dinámica de relación tóxica y destructiva, y decide tomar cualquier acción que signifique acercarte al otro, no continuar alimentando esa dinámica relacional que te pesa y te detiene a transformarte por completo. Nuestra mente tiende a hacernos pensar que si no queremos tener conflictos emocionales con alguien, entonces tenemos que alejarnos y/o apagar nuestras “emociones” y relacionarnos sólo desde nuestra mente. Así no nos sentiremos nunca desequilibrados, reactivos ni afectados. Esto es poner una coraza en el corazón, que divide. La única manera de trascender conflictos de este tipo con quien amamos es, primero acercarnos, no alejarnos como lo hace la mente y segundo, hacerlo con profunda compasión por ambos.

Cuando logramos conectar con la compasión, se apaga la rabia y el resentimiento y ya no hay lugar para ese lugar emocional antiguo destructivo. Esto nos permite ser capaces de ceder a la necesidad de responder y tener la razón, privilegiando el compartir y sanar la relación. Con este ejercicio podrás con paciencia, generar un nuevo hábito emocional para esa relación, coherente con tu proceso de crecimiento y madurez, y que además te permita alimentar emociones positivas en todos los aspectos de tu vida.

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