El tema de tu vida

17 noviembre, 2015 Autoestima, Espiritualidad 0 Comments

Esta semana me vi aprendiendo algo que llevo años trabajando en mí.

Todos podemos identificar en nuestra vida un tema principal, algo así que sería el título de tu vida si fuera una película. Bueno, tuve que repetir el curso de esa lección que me ha tocado trabajar muchas veces de distintas maneras, una vez más. Al principio fue un poco frustrante porque se trata de algo que conozco bien en mí, tengo súper identificado, pero siempre se aparece de una manera distinta para pasar desapercibido. En mi caso se trata de la inseguridad. Aparece de distintas maneras, en experiencias diversas, con personas diferentes, pero de fondo se trata de lo mismo. Ahora puedes entender por qué me apasiona tanto el tema del amor propio y el poder personal, porque es algo que he trabajado muchísimo, he sanado mucho, pero siempre queda por avanzar, por mejorar.

Me di cuenta por qué, viviéndolo. Aunque hayamos aprendido una lección diez veces puede volver a repetirse. Y aqui es donde debemos fijarnos en lo siguiente: la lección que se me repite, se repite con la mismas circunstancias o es distinta? Logro aprender algo nuevo o siento que marco el paso? Por qué hago esta precisión? Esta vez me pasó que lo viví distinto. Aunque era la misma lección, la profundidad que tuve fue cualitativamente mayor. Igual que pelando una cebolla. Y aquí comprendí por qué es una ilusión declarar en algún momento de nuestra vida que “ya estoy lista, ya lo aprendí todo”, o decirnos que hay lecciones que ya no necesitamos repetir porque ya lo “superamos”. No podríamos asegurar que hemos superado permanentemente miedos, inseguridades, dudas, soledades. Siempre nos encontraremos con nuevas experiencias y desafíos que nos exigirán mantener nuestro equilibrio interior y que probablemente nos pongan a prueba porque lo perderemos por momentos y no tan cortos…

La virtud consiste en saber reencontrarse, en generar recursos para ayudarnos a recuperar el centro. Y en ese movimiento, volveremos a vivir lecciones ya aprendidas, pero no de la misma manera. Esta vez con una nueva consciencia que mostrará otra arista de ese aspecto, otra profundidad y que te enseñarán nuevamente algo más de ti. Por eso, la pretensión no es llegar a ese estado perfecto en que ya nada nos desafíe, porque en la realidad que vivimos no es precisamente posible, mientras tengamos un ego con el cual lidiar y los cinco sentidos que todo el tiempo nos hacen caer en la ilusión.

Lo que pretendemos es tener consciencia de esto y dar lo mejor de nosotros para mantenernos conectados a nuestra luz interior, donde hay amor, fe, compasión, generosidad, fortaleza. Y si sientes que con cada lección estás pelando una cebolla (repetir el mismo aprendizaje pero más profundo), entonces vas camino a encontrarte en lo más puro de ti, en tu corazón donde habita la misma luz que te creó, porque no estás separada de ella, eres parte de ella.

Por eso honremos nuestros procesos y lecciones, porque nos permiten destapar lo auténtico, en un movimiento de constante transformación, descubriendo lo escondido para iluminarlo y de permanente expansión de consciencia y amor, sobre todo de amor propio que es la base de todos los demás, porque no puedo amar y aceptar a otro si no parto por mí (no puedo dar lo que no tengo).

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