Mira al otro; no lo uses como espejo

22 octubre, 2015 Autoestima, Relaciones 2 Comments

Quiero que pienses en alguien a quien quieres mucho pero con quien tienes una difícil relación (aunque no es necesario que la dificultad sea recíproca, sólo que tú la tengas). Puede ser que te cueste fluir en esa relación porque ven el mundo de maneras muy diferentes y entonces por lo general discuten por intentar imponer cada uno su punto de vista, o porque son iguales en carácter y al momento de encontrarse en un punto de oposición, ninguno cede. Y si además estás pensando en alguien que es de tu familia, sobre todo alguno de tus padres, esto será mucho más potente porque probablemente en tu mente tendrás una lista de momentos tristes que no te hacen fácil dejar esos momentos dolorosos de lado, ni siquiera ahora de adulto.

La invitación que te quiero hacer en este post es la siguiente. Quiero ayudarte a que encuentres paz en tu corazón, a que dejes de gastar energía con esa relación que es conflictiva dentro de ti y la transformes en un lazo de amor, de aceptación y alegría. Sé que estarás pensando “bueno, y si la otra persona no cambia lo que me da rabia de ella… Cómo lo hago?”. Lo primero es reconocer que no podemos jamás pedirle a alguien que cambie, porque la otra persona tiene absoluta libertad (libre albedrío) de ser como quiera ser. Y por otro lado, es infructuoso insistir en ello, porque la verdad es que las personas sólo cambiamos cuando deseamos de todo corazón hacerlo y aún así, implica trabajo duro lograrlo.

Entonces, estamos destinados a tener siempre relaciones conflictivas, dolorosas, difíciles? No, esto no es así. Por lo que te decía, no deberíamos entregar nuestra paz interior a que otra persona se comporte pacíficamente, no podemos limitar nuestra expresión para que se ajuste a lo que otra persona cree de nosotros, no podemos entregar nuestra felicidad a que otra persona haga o no haga algo. Si entregamos esto, estamos cediendo poder personal, libertad, responsabilidad por nuestra vida y la posibilidad de cambio y mejora.

Entonces, cómo avanzar en este supuesto, en que tienes una relación difícil y por supuesto, no cuentas con que la otra persona cambie para que te lo haga más fácil? Si tienes alguna relación de este tipo ahora, ten la seguridad que es porque hay algo que tienes que aprender de ello. Y no se trata de aprender a ver en detalle la sombra ajena, sino a ver la propia. Cada relación difícil que existe en tu vida, te muestra algo que debes trabajar EN TI.

Y aquí es donde elijo una sombra en particular para que podamos trabajarla juntos con este post. Espero que te haga sentido; si estás leyendo este post, probablemente tienes alguna situación en tu vida en la cual te servirá aplicar lo que aquí reflexionemos.

Quiero que hablemos de la idea autogenerada que tenemos de la otra persona. Esto es grande; es como una represa que sostiene el amor y no lo deja pasar. No hay modo de que alguna vez nos acerquemos realmente a alguien, mientras alimentemos ese juicio o idea de cómo es la otra persona (cuando decimos “es que es tan cerrada, es que es tan vengativo, es que es egoísta, es que es “cerrado de mente”).

Ahora vamos a derribar la primera muralla de nuestro ego. Seguro estás pensando que tú no tienes una idea autogenerada, que tú de verdad conoces a la otra persona y sabes perfectamente cómo es. Bien. Esto se pone interesante por lo siguiente. Cuando conocemos a alguien al punto de que podemos predecir sus reacciones, sabemos cómo piensa, lo que opina, lo que hace, lo que le agrada, podemos enfrentar ese conocimiento personal del otro de dos formas: reaccionando con frustración, con rabia, resentimiento, enojo por cómo (nosotros decimos que) ES esa persona, o ver más allá de lo que nuestro ego nos dice y entender que todos tenemos una historia que nos ha hecho quiénes somos y que somos mucho más de cómo nos ven los demás.

Todos lidiamos con cada momento de la mejor manera que podemos, con las herramientas de consciencia que tenemos en ese momento. Si yo miro desde fuera y juzgo el camino del otro, seguramente juzgaré que le faltó esfuerzo, que la faltó ser amable, valiente, que fue terco, egoísta, etc. Y si juzgo al otro en relación a MÍ, nos ahogamos en el pozo del egocentrismo, porque la crítica va a ser “porque no me ayudó, porque no me avisó, porque no me dio tal o cual cosa, porque no se comportó a la altura de lo que yo esperaba”. Seguimos en la referencia del ombligo. Mientras miremos al otro usándonos como referencia, siempre encontraremos crítica, juicio, resentimiento. Y alimentaremos nuestra autorreferencia, por supuesto. Pero nosotros no somos la medida de nuestras relaciones, ni del comportamiento de los demás (me refiero a que los demás no tendrían por qué ajustar sus conductas, sus opiniones a lo que a mí me hace sentir tranquila, en paz, segura). Cada uno es su propia referencia y cuando nos relacionamos con otro, para generar una relación de verdad, debo MIRAR AL OTRO, ya no en relación a MÍ, sino en relación a su PROPIA HISTORIA. Tratar de entender por qué esa persona reacciona así, entender que sus actitudes y malas acciones no son “personales” conmigo, sino que es la manera en que esa persona hoy es capaz de expresar sus emociones, de acuerdo a la manera en que su propia historia le ha permitido.

Lo poderoso de esto es que cuando realmente miro al otro, callando mi juicio, dejando a un lado “la idea” que tengo de esa persona y lo observo realmente, PUEDO VER AL OTRO. Puedo ver quién es realmente, qué es lo que siente, escuchar lo que dice, entender cómo piensa. Y cuando uso esta información perceptiva con la historia que conozco de esa persona, puedo ser capaz de abrir mi corazón y conectar con la COMPASIÓN. El amor y la compasión son lo más grande y las vías directas para poder comunicarnos y relacionarnos DE VERDAD con el otro, y no con un espejo que muestras mis limitaciones.

Cada uno de nosotros es el resultado de su herencia, de sus experiencias, de su educación y circunstancias. El trabajo personal es voluntario y por supuesto que puede modificar todo lo anterior. Por eso en este caso, te invito a que hagas el trabajo de observar si realmente tu resistencia para que una relación presente en tu vida fluya, tiene que ver con esto, con prejuicios y concepciones de tu parte que no te permiten conectar realmente con el otro, porque al estar juzgando permanentemente y categorizando a los demás estás en tu mente, y para conectar con otra persona, debemos usar nuestro corazón. La manera más potente de hacerlo es sentir compasión por ti y por el otro. Ponerte en su lugar y entiende que él hace lo mejor que puede con las herramientas que tiene y que sus maneras que te molestan no tienen que ver contigo (de hecho, son una gran oportunidad para que trabajes tu tolerancia y aceptación). Sólo así podrás traspasar esa barrera que actúa como represa y podrá fluir una relación que tal vez no tenga la forma que a ti te gustaría, pero eso es expectativa del ego que debes trabajar para soltar, porque siempre puedes usar el corazón para llegar a los demás. Y cuando te conectas con esa persona a través de tu corazón, vas a experimentar un flujo maravilloso de amor que te va a mostrar, que jamás lo has mirado realmente por estar alimentando juicios y críticas en tu mente. Por eso, si quieres hacer un cambio que te permita fluir con esas relaciones difíciles, deja de usarte como referencia y mira al otro en su historia, en su camino, y poniéndote en sus zapatos, siente cómo la compasión te conecta de verdad.

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