Francisca Jara Tarot Espiritual
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¿Qué significa ser feminista desde nuestro trabajo espiritual?

Hace algunos días conmemoramos el día internacional de la mujer, una buena ocasión para mirarnos y recordar las razones que tenemos para merecer un día del año en el calendario. Y no se trata pensar este día en celebrarnos solo por ser mujeres, pues hay razones profundas que todas deberíamos mirar y reflejar en nuestra vida.

Las situaciones de injusticia, desigualdad y violencia contra la mujer están presentes en todas partes; en las dinámicas en las que participamos a diario, en lo que consumimos, en la música que escuchamos, las películas, las aspiraciones, lo que se nos exige. Esto es estructural. Y no está bien. Por eso, como dice Chimamanda Ngozi, todos deberíamos ser feministas. Porque el feminismo no se trata de política, de religión, moda ni de resentimiento. El feminismo se trata de cambiar un paradigma de separación, competencia y dominación que ha hecho demasiado daño.

El feminismo tampoco es algo que sólo las mujeres pueden defender o que sólo nos beneficie a nosotras. Un mundo donde la mujer es respetada y posee igualdad de derechos, es un mundo más seguro y justo para todes, porque la victoria del feminismo es la victoria de la inclusión, de la dignidad, de la tolerancia, del amor. El mundo que queremos crear desde el feminismo beneficia a todes por igual. Y para este artículo quiero usar todEs, porque aunque suene rara la palabra me permite ser lo más inclusiva posible – para lo cual hasta con el español me tengo que revelar –.

Sé que hay muchas mujeres que no se sienten discriminadas o en desventaja, aunque lo han estado siempre. No importa si te carga la palabra “feminismo” y te cuadras con la manera en que está construida nuestra cultura. No importa, pues de la otra vereda estamos contigo igual, con todo nuestro corazón.

Y quiero también hablarnos a las mujeres occidentales. El día internacional de la mujer, 8 de marzo, conmemora la matanza de mujeres que ocurrió en una empresa textil a principios del siglo XX, en Nueva York. Sin embargo, hay mujeres que están viviendo la misma historia hoy, en 2017, sometidas por la misma industria textil, pero al otro lado del mundo – para que no lo podamos ver –, cosiendo las prendas que aquí nos venden en rebaja. Ellas como mujeres, también tienen que estar presentes en nuestra misión, en esta expansión de consciencia.

No podemos por un lado tener un discurso feminista e ignorar que la ropa que compramos fue hecha por una mujer explotada en Bangladesh. No podemos ignorarlo sin hacernos daño – sí, esto significa mirar las etiquetas, informarte, descartar las tiendas y marcas que mantienen esta opresión –.

Sin perjuicio de todo esto, quiero traerte a ti, a tu historia. Quiero que reflexiones acerca de cómo la cultura, tu educación, tus experiencias, han puesto cadenas en tu interior que te dificultan expresarte de manera auténtica. Porque lo nuclear del feminismo tiene que ver con recuperar la libertad que le es propia a todos los seres humanos: la libertad de expresar su verdadera identidad, sin disculpas, sin censura y sin castigo.

Romper las cadenas que te atan a cumplir un rol, a comportarte de tal o cual forma, a vestirte bonito, a gustar, es una verdadera revolución. ¿Qué sueños estás renunciando por estas cadenas que te atan por el solo hecho de ser mujer? ¿Qué te gustaría decir, hacer, mostrar, sentir? Hónrate como mujer, a ti, a tu madre, tus ancestras, tus próximas generaciones, tu amiga, a la mujer que no conoces, hónralas a todas atreviéndote a ser auténtica y caminar el camino de tu corazón. A levantarte y tomar riesgos por tus sueños, a no sacrificar tu bienestar por la expectativa de otros, a no renunciar a tu felicidad por el miedo a no ser aceptada. La manera más poderosa de mantener el impulso hacia este cambio de consciencia y corazón es viviendo de forma auténtica, caminando tu verdad, tomando decisiones coherentes que respeten a todas las mujeres del mundo con las cuales puedas estar conectada de alguna manera, y vivir todos los días eligiendo la inclusión, la cooperación y la actitud pacífica.

En la práctica, ¿sabes cómo puedes aterrizar estos valores y aplicarlos a tu vida cotidiana? Éste es el desafío que tenemos todes. Y es el desafío que no podemos perder de vista durante todo el año, si queremos generar un cambio real y permanente para el mundo.

Con amor,

Francisca Jara

(* Foto tomada de unsplash.com)

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