Welcome new life!

Y llegó este gran día! Me encuentro tal como siempre me lo imagine, pero es infinitamente mejor como se siente.

Aquí estoy, en mi casa, escribiendo en mi computador frente a mi ventana, disfrutando de la luz del mediodía, escuchando música y escribiendo esto para que lo leas. Mi motivación es una y es poder contarte que sí se puede. Sí podemos conseguir nuestros sueños.

La historia es ésta. No con fechas y sucesos, sino con cada paso que di y cómo lo viví aquí adentro, en mi corazón.

Te he contado antes de cómo y cuándo me di cuenta de que quería esta vida. Quiero decir dedicarme al Tarot. Pero el proceso fue mucho más que eso. Fue darme cuenta de qué quería para mí, cómo quería vivir cada día de trabajo y cómo proyecté eso al futuro. Y ese primer futuro proyectado es este día, en que emocionada escribo este post que imaginé tantas veces escribir.

El Tarot me movió de una manera mágica, constituyendo un antes y un después en mi historia, en mi ánimo y en mi forma de ver la vida. Llegué al Tarot buscando respuestas en un momento en que me sentía hundida, triste, sola y vacía. Estaba preparando mi examen de grado, trabajando en un banco y no sabía hacía dónde realmente quería ir. Entonces siendo práctica, busqué un pasatiempo que se transformó en mi camino espiritual.

Con el Tarot volví a sentir una pasión interna que no sentía hace demasiado tiempo – la misma que sentía cuando tenía 9 años y escribía poesía encerrada en mi pieza -, y descubrí el sentido de lo que llamamos “vocación”, el tener un propósito.

Ahí comenzó mi transformación. Dedicarme al Tarot y vivir de esto implicó un proceso que duró casi dos años. Durante ese período tuve que cambiar muchas cosas de mí, que era necesario soltar para seguir mi pasión.

La primera fue el prejuicio. Jamás me había planteado que podía vivir de una actividad “no convencional” y menos siendo independiente. Educada en una universidad conservadora y en una carrera tradicional (derecho), el modo a través del cual aprendí a proyectarme en el mundo era  estrecho y rígido. Aquí tuve harto trabajo.

Mi propia experiencia atendiendo con mi Tarot me permitió concebir una realidad distinta. Es curioso como nuestra mente razona de manera tan ilógica haciéndonos la trampa. Sí, así de irónico. ¿Por qué no podía ser independiente y tener la vida que quiero leyendo el Tarot, si varias veces había acudido a tarotistas que sí lo hacían? ¿Por qué no podía ser yo la que estuviera al otro lado, dedicándome a eso? Evidente. Pero créeme, me costó verlo.

También tuve que expandir los márgenes de mi mente para poder abrirla y entender que no sólo la universidad nos habilita para trabajar profesionalmente. Me refiero a que nuestro trabajo soñado puede que no tenga una licenciatura que se enseñe en la universidad, y no por eso no podríamos dedicarnos a eso de manera profesional.

Trabajar como profesional no sólo significa tener un título; significa también prepararte, con responsabilidad, compromiso de mejora y perseverancia, para que esas herramientas te permitan ayudar al otro dando lo mejor de ti en ello.

Reconozco que no me costó soltar mi título universitario, pero sí tuve que reflexionar bastante para comprender que la validación de mi trabajo no tenía por qué estar sujeta a un título de una institución oficial. Descubrí que la validación de mi trabajo era mi manera de hacer las cosas y dedicación invertida en él. Probablemente si se enseñara tarot en las universidades sería la primera inscrita en esa carrera, porque me gusta estudiar y me acomoda mucho recibir formación de ese tipo (por lo mismo me costó soltar ese apego). Pero como esto no existe, tuve que hacerlo al modo autodidacta y confiar en mi aprendizaje experiencial – la vía de lo femenino -.

Luego vino la cuesta arriba: aprender a ser paciente. Lo único que quería era renunciar a mi trabajo estable en ese preciso momento. Fue mucho tiempo de frustración porque no podía simplemente dejar mi sueldo de un día para otro, y además estaba comprometida mi permanencia ahi. O sea, podía hacerlo, pero el costo era alto.

El tiempo me ayudó a ver la sabiduría envuelta en la gestación. No sólo se gesta el proyecto/hijo, sino que en ese período también uno se prepara para dar a luz. Y muchas veces, como fue en mi caso, esa preparación requiere de cambios profundos en nuestro carácter.

Aprendí a seguir la guía de mi corazón, y siempre con la mente de estratega como mi mano derecha. Entonces, me planifiqué para hacer la transición. Ajustando gastos, previendo con ahorros, potenciando este emprendimiento en mi tiempo libre, recabando tips y experiencias de quienes ya habían dado este salto.

Decir que me dedicaré al Tarot es bien poético, pero en realidad es un emprendimiento como cualquier otro. También tengo que pagar mis cuentas, quiero invertir en mi proyecto, viajar, tengo planes de familia, ahorrar, etc. Asi que la planificación fue bien aterrizada, con harto estudio y contabilidad.

Hasta que tomé la decisión de fijar una fecha. Me estaba yendo muy bien, cada vez mejor y ya me sentía tranquila visualizando el gran salto en un mediano plazo. Qué mejor que nueve meses, ¿cierto? La verdad es que no lo calculé así, pero calzó justo que la fecha que escogí por calendario, era nueve meses después. Esos nueve meses se cumplen hoy.

En el Tarot hay un arcano maravilloso para esto, que es la Emperatriz. Este arcano representa la energía femenina en esencia, lo femenino en su expresión creativa, fértil y emocional. La Emperatriz está embarazada y dará a luz. Es el proceso de gestación, de creación que vivimos todos cuando damos a luz en nuestra vida, ya sea a un hijo o a un proyecto. La Emperatriz es pura pasión y manifestación de la abundancia en la Tierra. En esta historia que te cuento, aprendí a integrar el arcano de La Justicia, que era la manera que aprendí para dirigir mi acción en el mundo desde pequeña, con La Emperatriz, que era yo queriendo ser libre, florecer y compartir todo lo bueno que puedo crear.

Había días en que lidiaba con la incertidumbre de no saber si lo estaba haciendo bien, con la inseguridad de moverme en jardines sin categorías ni definiciones exactas como estaba acostumbrada, y en los que tenía que usar mi intuición y confiar en ella. Una parte de mí, perfeccionista y autoexigente, lo pasó mal aprendiendo a soltar esa expectativa y entregarse al proceso.

Pero con determinación, voluntad y amor, todo es posible. Fui completamente sostenida durante todo este tiempo por Dios y sus ángeles, que me guiaron en cada paso e iluminaron mi camino. No puedo dejar de atribuirles toda la contención y calor que sentí en mi corazón, incluso en los momentos más difíciles. En mi proceso de transformación personal de la mano con el tarot, encontré el amor en mí, en los otros y en el mundo. Y así mi propósito se mostró amplio y brillante. Y es que cada experiencia que vivimos, cada desafío, aprendizaje, dolor y regocijo es nuestra llave espiritual, ya sea lidiando con cosas de la casa, de pareja, de trabajo, ¡con nosotros mismos! Porque todas las experiencias humanas tienen la capacidad de conectarnos con Dios. Por eso el tarot fue un antes y un después para mí; fue mi llave de conexión espiritual. Cualquier cosa puede ser tu llave y precisamente lo que amas hacer, es tu mejor pista para encontrarla.

Al final de esta historia (o mejor dicho, de este primer capítulo de mi historia), el Loco me tomó en sus brazos y dimos juntos el salto de fe. Y aquí estoy, en este primer día de un nuevo ciclo, deseando que mientras leas estas líneas te den ganas de intentarlo.

Para mí fue fundamental la inspiración que obtuve de otras tantas personas que se atrevieron a seguir sus sueños, cambiando sus vidas de formas increíbles. Por eso quise contarte este proceso, para ver si yo también puedo inspirarte con mi historia y así confíes en que salir de tu zona de confort es una de las experiencias más enriquecedoras y positivas que puedes vivir.

Todo se trata al final de conectar con nuestro corazón y empoderarnos en nuestra vida, para ser felices haciendo lo que amamos y realizando nuestro propósito. Y ésta es mi misión con el tarot: ser una guía para que tú también lo hagas.

Un abrazo,

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